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Futuro 1 de ago de 2026

Cómo será trabajar en 2035 si la inteligencia artificial sigue evolucionando a este ritmo

Ni utopía sin trabajo ni desempleo masivo. El escenario más probable es más aburrido y más interesante: todos convertidos en gestores de máquinas.

Cartel de FabricioIA para el artículo "Cómo será trabajar en 2035" — la misma jornada repartida en 2026, 2030 y 2035: ejecutar encoge mientras revisar y decidir se apoderan de la barra
Cartel de FabricioIA para el artículo "Cómo será trabajar en 2035" — la misma jornada repartida en 2026, 2030 y 2035: ejecutar encoge mientras revisar y decidir se apoderan de la barra

Una advertencia antes de empezar

Una previsión a diez años en tecnología se equivoca por defecto. Quien predijo 2026 allá en 2016 acertó poco: nadie puso "la máquina escribe texto y código mejor que la media de las personas" en la lista.

Así que trata lo que viene abajo como escenario, no como profecía — y observa sobre todo las premisas, que son la parte que se puede comprobar por el camino.

Premisa central: la evolución sigue rápida, pero la adopción sigue lenta. Ese desfase entre lo que la tecnología permite y lo que las organizaciones efectivamente cambian es la cosa más estable de la historia económica, y es la que define la forma de 2035.

Lo que probablemente será verdad

Casi todo el trabajo de oficina tendrá un sistema en medio. No como herramienta que abres, sino como capa por donde pasa el trabajo: prepara, propone, ejecuta lo repetitivo, señala la excepción. La persona entra en la decisión y en la excepción.

El puesto medio se vuelve supervisión. La analogía útil es la fábrica. El operario que montaba piezas pasó a ser operador que cuida de una línea automatizada — menos gente, más cualificación, y el trabajo pasó a ser vigilar, ajustar y resolver lo que se sale del estándar. La oficina está haciendo esa misma travesía, tres décadas después.

Menos puestos de entrada, más exigencia en la puerta. La tendencia ya visible se consolida. Formar profesionales nuevos se vuelve un problema estructural, y las empresas que lo resuelvan — con un programa propio de formación, porque la cinta natural se rompió — van a tener una ventaja enorme de contratación.

El trabajo presencial y físico se revaloriza. Oficio manual, cuidado, enseñanza, salud, todo lo que exige cuerpo y presencia. No por nostalgia: por escasez relativa.

La jornada baja despacio, y no hasta cero. La ganancia de productividad históricamente se convierte en una mezcla de más producción, más consumo y un poco menos de jornada. Una semana de cuatro días en una parte relevante del mercado es plausible; el fin del trabajo, no.

Lo que probablemente no será verdad

Desempleo masivo permanente. El patrón histórico es de recomposición, no de eliminación. El dolor es de la transición y está concentrado — lo que ya es bastante malo sin necesidad de exagerar.

La renta básica universal como respuesta consumada. Sigue en debate, con experimentos locales. La política avanza mucho más despacio que la tecnología.

Ya nadie programa, escribe ni diseña. Sigue habiendo gente en esas funciones, haciendo más volumen, con más responsabilidad y menos tecleo.

Oficinas vacías dirigidas por agentes. Una empresa es un arreglo de responsabilidad y confianza entre personas. Eso no se automatiza porque no es un problema técnico.

Los tres cambios que más van a doler

1. El fin del currículum como prueba. Si cualquiera produce un portafolio impecable en una tarde, lo que vale es lo que consigues defender en vivo, con profundidad, bajo una pregunta difícil. La entrevista vuelve a ser conversación técnica de verdad, y la reputación verificable vale más que el diploma.

2. Contratar por criterio, no por producción. Las empresas van a dejar de medir volumen entregado — porque el volumen se abarató — y a medir decisiones acertadas. Es una métrica bastante más difícil, y las empresas se van a equivocar bastante hasta aprender.

3. Responsabilidad explícita sobre sistemas autónomos. Se vuelve parte de la descripción del puesto: quién responde por lo que el sistema hizo. Eso ya está entrando en la regulación y va a llegar al contrato de trabajo.

En 2035 la pregunta de la entrevista no será "¿qué sabes hacer?". Será "¿qué decides, y cómo pruebas que decidiste bien?".

Qué hacer hoy, sin apostar por ningún escenario

Las cuatro cosas de abajo pagan en cualquier futuro — incluso en uno donde la IA se desacelere:

  1. Quedarte del lado del criterio. Cerca del problema, del riesgo y de la decisión; lejos de la ejecución repetitiva.
  2. Acumular conocimiento específico y tácito. El que solo se aprende dentro de un dominio, hablando con quien hace. Es lo que ningún modelo saca de un repositorio.
  3. Aprender a verificar. Evaluar trabajo generado por máquina en tu campo se va a pedir en toda entrevista.
  4. Mantener capacidad de recomenzar. Quien ya cambió de tecnología tres veces cambia la cuarta con naturalidad. La habilidad de reaprender es el único activo con validez garantizada.

El cierre

Cada ola tecnológica vino con la promesa del fin del trabajo y entregó trabajo distinto — en general más abstracto, mejor pagado para quien acompañó y más duro para quien no pudo acompañar.

No hay motivo fuerte para pensar que esta vez el patrón se invierte. Hay motivos de sobra para pensar que esta vez va más rápido — y por eso la conversación sobre quién financia la transición importa más que la conversación sobre robots.

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